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jueves, 8 de septiembre de 2011

Restaurantes mala onda: el insólito y eficaz marketing de maltratar al cliente

Así como hay anfitriones que se esmeran en el servicio y sobreactúan la sonrisa, otros hacen del destrato y la antipatía su marca registrada. ¿Por qué tienen cada vez más clientes?





El capítulo es uno de los más recordados de la serie Seinfeld. Jerry y George quieren almorzar en un lugar que les recomendó Kramer, un puestito célebre por sus sopas. El problema es el dueño: un bigotudo huraño y con acento extranjero, que impone una serie de reglas estrictas a los clientes a la hora de comprar y pagar por su comida.

Es conocido como the soup nazi (el nazi de la sopa). Por diferentes motivos, tanto George como la chica de la banda, Elaine, se ganan el famoso “¡No soup for you!” con el que el irascible dueño castiga a los que no cumplen con sus normas: “¡no hay sopa para vos!”. Al final del capítulo –el sexto de la séptima temporada- Elaine se venga revelando las recetas secretas de las sopas del bigotudo y éste cierra su famoso local y huye… ¡a la Argentina!

La historia de Seinfeld no es puro cuento: el nazi de la sopa existe. Su negocio (Soup Kitchen) funciona en la calle 55 Oeste del centro de Manhattan, donde los clientes hacían fila mansamente, como corderitos famélicos, para saborear una de sus famosas sopas.  Incluso circula el mito que cuando Jerry Seinfeld fue almorzar con su equipo de guionistas tras la emisión del capítulo, Al Yeganeh –tal es el verdadero nombre del nazi- los echó diciéndoles que le habían arruinado la vida.

Pero, tanto en Buenos Aires, como en el resto del mundo, hay más ejemplos de lugares donde la amabilidad y el servicio no son costumbre de la casa, o donde los dueños imponen reglas estrictas –y muchas veces absurdas-, tienen trato preferencial para los amigos y habitués, o se rebelan contra la vieja frase de “el cliente siempre tiene la razón”. 
Uno de los casos más extremos es el The Wiener´s Circle, una panchería de Chicago,  que desde hace veinte años hace un culto del insulto al cliente. En el pequeño local (que tiene fans incondicionales, como el músico Tom Waits) el combo de hot dog, papas fritas y malteada viene acompañado por una retahíla de improperios. Todo comenzó una noche de 1991 en la que uno de los dueños, Larry Gold, le gritó “pelotudo” a un cliente que estaba borracho, y sentó precedente entre los empleados.

La modalidad del maltrato  –mitad fingido, mitad en serio- prendió rápido y duplicó la facturación de los fines de semana a la noche, cuando el lugar se llena de masoquistas y hay vía libre para que la cajera te diga antes de tomarte el pedido: “¿Para llevarla o para comerla acá, hijo de puta?”.  The Wiener´s Circle fue incluido en el listado de los 101 lugares a los que NO hay que ir antes de morir, por la periodista gastronómica Catherine Price, que lo considera un microcosmos del racismo y la segregación en Chicago.  

Por Cecilia Boullosa
Fuente: Planetajoy


Suerte que aun no llego esta moda a Asuncion!!! 

sábado, 20 de agosto de 2011

¿Por qué las porciones son cada vez más chicas?

Los restaurantes y las marcas de productos alimenticios achican cada vez más sus porciones. Y, en la mayoría de los casos, no quieren que te des cuenta.
La escritora Mireille Giuliano es autora del best seller Las mujeres francesas no comen grasa: el secreto de comer por placer. Entre las varias conclusiones que dejan las 304 páginas de este libro, la más importante es que las francesas son flacas porque comen poco y rico, algo que explicaría que Francia haya sido la cuna de la nouvelle cuisine, esa cocina super estética de porciones mínimas. Pero en la Argentina estas palabras caen en el vacío (y en la tira de asado y en el bife de chorizo). Aquí, la calidad de un restaurante suele estar medida al tamaño de las porciones. Incluso, la queja más común del comensal compatriota es "las porciones eran chicas". Este carnívoro hambriento está pasando hoy en día un mal momento. Cada vez más restaurantes, casi imperceptiblemente, achican sus raciones. Entradas que antes eran para dos ahora son apenas un tentempié. Empanadas generosas parecen de copetín. Y siguen los ejemplos.

¿Por qué se achican las porciones? Simple: por el aumento de los costos que no siempre se pueden trasladar a los clientes. Según los dueños de los restaurantes, no alcanza con subir los precios. Sus costos cambian semanalmente, pero no pueden aumentar la carta todas las semanas porque ahuyentarían a sus habitués. El dueño de una de las principales parrillas multitudinarias de Las Cañitas es muy claro al respecto: “Intentamos aumentar los precios solo dos veces al año; pero cualquiera que vaya a la carnicería sabe que los cortes suben día tras día”. ¿Cómo se responde a esto? Achicando el bife de chorizo un 10%. En lugar de 500 gramos, ahora pesa 450. Es difícil que el cliente se de cuenta, y para el restaurante representa un ahorro del 10 por ciento.

EN EE.UU. PASA LO MISMO
Lejos de ser un mal nacional, esta crisis de los tamaños tiene paralelos en todo el mundo. Es que los costos de los alimentos suben a nivel global: el Banco Mundial registró un aumento de 15% en alimentos entre octubre de 2010 y enero de 2011. Así, los restaurantes del hemisferio norte, para evitar subir los precios, achicaron las cantidades. Lo dejó bien claro Diane Swonk, economista jefe de la consultora Mesirow Financial Inc. de Chicago: “La disminución en el tamaño de las porciones permite vender más barato, sin sacrificar la rentabilidad”. Su afirmación intenta explicar algo que en EE.UU. ya es una moda, aunque allí esta tendencia tiene un giro marketinero. Las cadenas aprovechan la obesidad de los yanquis y promocionan los nuevos tamaños con la excusa de criterios de salud. En 2009 hubo una famosa campaña de Burger King que decía que "el joven de las manos pequeñas ahora prefiere Whopper Junior”. Starbucks lanzó su cuadradito de limón “junior”, la cadena Dairy Queen presentó un mini-helado, McDonald´s estudia formatos de hamburguesas petite y TGI Friday’s tiene un menú que se llama La porción justa, el precio justo. Incluso en el país del Norte se habla mucho de las 100 calorías, y varios fabricantes de alimentos rediseñaron sus packagings para no pasar ese número. El ejemplo básico es Oreo, el gigante de las galletitas mundiales, con su paquete de 100 calorías, al que se suman cientos de otras golosinas.
Fuente: Joy

¿Por qué el estrés aumenta el apetito?

Científicos del Hotchkiss Brain Institute (HBI), de la Universidad de Calgary (Canadá), han descubierto un mecanismo por el cual el estrés incrementa la recolección de comida en ratas. El hallazgo, publicado esta semana en Neuron, proporciona importantes pistas para explicar por qué el estrés podría ser uno de los factores que más contribuye a la obesidad.

Los investigadores Jaideep Bains y Quentin Pittman, observaron específicamente a las células nerviosas (neuronas) en la región del cerebro conocida comohipotálamo. Esta estructura es conocida por tener unimportante rol en el control del apetito y el metabolismo y ha sido identificada como la región primaria responsable de la respuesta del cerebro al estrés. Normalmente, el cerebro produce neurotransmisores denominados endocanabinoides, que envían señales de unas células al otra para controlar el apetito.

En este trabajo, los investigadores han comprobado que, cuando no hay comida, se produce una respuesta de estrés que causa, de forma temporal, "recableado" funcional en el cerebro, que puede reducir la capacidad de los endocanabinoides para regular la ingesta de alimento y contribuir a aumentar el almacenamiento de comida. Sin embargo, cuando se bloquean los efectos de las hormonas del estrés en el cerebro, la ausencia de comida no causa ningún cambio en el circuito neural.

Según explica Bains, "estos descubrimientos pueden ayudar a explicar cómo la comunicación celular dentro de nuestro cerebro puede ser anulada en ausencia de comida". Esos mismos cambios pueden ser generados por el estrés inducido por la falta de alimentos. Si en el cerebro humano se produjeran cambios similares a los observados en los roedores, estos hallazgos podrían tener varias implicaciones para la salud humana. Según Pittman, "por ejemplo, si decidimos saltarnos una comida, el cerebro podría hacer que aumentara el apetito". "Es más, el hecho de que la falta de comida active una respuesta de estrés podría ayudar a explicar la relación entre el estrés y la obesidad", añade. En cualquier caso lo que está claro, concluyen los autores del estudio, es que “la ausencia de comida provoca cambios dramáticos en la forma en que nuestras neuronas se comunican unas con otras”.
Fuente:muyinteresante